Pasear

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Berlin es una ciudad en la que todo es “reutilizable”, y eso me fascina. Los apartamentos casi siempre están hechos de trozos de otros que pasaron antes, de amistades fugaces o duraderas que se resumen en posesiones que transitan y bailan. Algo tan  sencillo y tan fácil de entender: lo que ya no te sirve, le servirá a otra persona. Los objetos dejan de ser objetos, se transforman en la narrativa de aquellas y aquellos con los que cruzas tu camino. Y luego esos objetos terminan por contarte historias, te hablan, te susurran lo que pueden al oído, dejan que te sientes o estires sobre ellos, a veces te cuentan secretos. Y si de verdad prestas atención, puede que te confiesen su miedo más profundo y el único que compartimos con ellos… dejar de importarle a alguien.

misterio de la ficción