Bolaño

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Me gusta hablaros de Berlin, de las cosas que suceden aquí. A veces son extrañas casualidades, a veces pienso que se trata de un juego, que la ciudad es un tablero, y nosotros somos fichas pequeñas que encajan en medidas perfectas. Hoy Berlin me ha permitido conocer al traductor japonés de Bolaño, de nuestro queridísimo Roberto. Y no he podido evitar decirle que le encuentro un parecido casi clarividente con él, no sé si la sonrisa inocente, o la mirada a través de las gafas. Hay algo allí que los une, la literatura tal vez. Quién sabe… Esta tarde ha sido especial, ha sido buena. Cuando nos hemos despedido hemos hablado de mi bicicleta, le ha sorprendido que andemos tanto en bici, una bicicleta japonesa, se lo he confesado como un secreto, o como un vínculo. Después he pensado que la literatura está viva, que es un ente vibrante y cotidiano, dentro y fuera de nosotros: creando nexos que pueden, o no, entenderse. La literatura está viva, me lo he repetido varias veces, bajo las ruedas, sobre el asfalto: en el viento. Está viva.