Inéditos de Madera: Pura leña al fuego

(En esta sección publicamos relatos inéditos durante un periodo de tiempo limitado, corre la voz, porque vuelan.)

En Madera 6 hemos publicado un relato de Jesús Artacho, aquí os ofrecemos tres inéditos suyos.


LA VIDA

Tras el cigarro de después de la cena, el marido ingresa en el salón. Se detiene ante su mujer y le pide que se levante, porque se ha aposentado en su asiento predilecto.

-Estoy cansada… -se queja ella.

-Es mi sitio -reclama él, con el tono de legitimidad que le confiere la certidumbre de estar exigiendo lo que le corresponde, nada más… Continúa leyendo

Pasear

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Berlin es una ciudad en la que todo es “reutilizable”, y eso me fascina. Los apartamentos casi siempre están hechos de trozos de otros que pasaron antes, de amistades fugaces o duraderas que se resumen en posesiones que transitan y bailan. Algo tan  sencillo y tan fácil de entender: lo que ya no te sirve, le servirá a otra persona. Los objetos dejan de ser objetos, se transforman en la narrativa de aquellas y aquellos con los que cruzas tu camino. Y luego esos objetos terminan por contarte historias, te hablan, te susurran lo que pueden al oído, dejan que te sientes o estires sobre ellos, a veces te cuentan secretos. Y si de verdad prestas atención, puede que te confiesen su miedo más profundo y el único que compartimos con ellos… dejar de importarle a alguien.

misterio de la ficción

Un día cualquiera

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A veces no hablo suficiente de Berlin. No explico lo afortunado que me siento por vivir en un entorno de pura literatura. Berlin es literaria hasta las entrañas, lo es en su historia, lo es por el tipo de vida que se puede llevar aquí, y lo es por la gente que cae en esta ciudad persiguiendo un sueño, sin duda un sueño literario. Mis amigos son escritores, cuando estamos juntos hablamos de literatura, sabemos de unos y otros lo que leemos y escribimos, nos “llevamos” al día. Y en gran parte es gracias a lugares en los que podemos congregarnos como si fuéramos de una secta prohibida. Lugares en los que suceden cosas que habríamos pensado inverosímiles antes de conocer (o de caer) esta ciudad, como por ejemplo, que un sábado cualquiera, el crítico y editor Ignacio Echevarría se preste a charlarnos sobre leer, a cómo acercarse sin miedo a los clásicos, a plantearnos lo que significa la lectura, y que esa congregación encuentre un sábado cualquiera la luz que nos ilumine. La librería Española en Berlin se llama Bartleby and Co@bartlebyandcoberlin , y su dueña Ana se ocupa desde hace más de cinco años de aportar un peso grande sobre la escena literaria, es librera y editora, sabe cómo se hace, ojalá todos pudierais pisar un día esta librería y contagiaros de una esencia que gracias a Berlin, a Ana, y a Ignacio, podemos respirar durante unas horas y creer un poco más en el poder de la literatura. Amén.

Bolaño

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Me gusta hablaros de Berlin, de las cosas que suceden aquí. A veces son extrañas casualidades, a veces pienso que se trata de un juego, que la ciudad es un tablero, y nosotros somos fichas pequeñas que encajan en medidas perfectas. Hoy Berlin me ha permitido conocer al traductor japonés de Bolaño, de nuestro queridísimo Roberto. Y no he podido evitar decirle que le encuentro un parecido casi clarividente con él, no sé si la sonrisa inocente, o la mirada a través de las gafas. Hay algo allí que los une, la literatura tal vez. Quién sabe… Esta tarde ha sido especial, ha sido buena. Cuando nos hemos despedido hemos hablado de mi bicicleta, le ha sorprendido que andemos tanto en bici, una bicicleta japonesa, se lo he confesado como un secreto, o como un vínculo. Después he pensado que la literatura está viva, que es un ente vibrante y cotidiano, dentro y fuera de nosotros: creando nexos que pueden, o no, entenderse. La literatura está viva, me lo he repetido varias veces, bajo las ruedas, sobre el asfalto: en el viento. Está viva.

Venecia

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Ayer me topé con esta pareja. Eso de ahí no es un puente, es seguramente una tubería de agua. Hay que saltar una valla para sentarse en ese lugar. Berlín tiene más puentes que Venecia. Todos nos preguntamos qué debe haber en el fondo de esos canales, fantaseamos con historias de la guerra, con lo fácil que sería caerse, con secretos y noches de locura. A menudo nos sentamos en los bordes de piedra e intentamos imaginar el sonido de las gaviotas o un horizonte que a veces se nos hace demasiado lejano. Ya no nos importan las ratas que saltan al agua. El romanticismo en esta ciudad está extrañamente alejado de todo lo que hemos aprendido, lo simple (y quizás romántico) es que no hay límites. Creo que funciona así, por lo menos esa pareja parece que anda por buen camino.